Por: Omar Monroy López

Recientemente, se presentó el estudio de riesgo por tsunami en la región de Atacama, mandatado por el Minvu, en el que se presentaron los resultados en la comuna de Chañaral, cuyo puerto sufrió la destrucción de áreas urbanas y la alteración de la geomorfología en la bahía y cuenca del Salado, producto de los aluviones del 2015 y 2017.

Por lo anterior, pareciera de Perogrullo que este estudio debió haber sido más integral para esta golpeada comuna, atendiendo potenciales riesgos como lo son los aluviones provocados por lluvias costeras y altiplánicas que activan cuencas y quebradas, afectando poblaciones y la calidad de vida de los vecinos. Asimismo, sería pertinente realizar un análisis del tranque de relaves en la rada; de las contaminadas lagunas de aguas detenidas y los metales pesados expuestos a metros de la ciudad, entre otros, que también son riesgos latientes, y más aún en caso de ocurrir un tsunami.

El estudio en comento, presentado por un profesional con conocimientos de la problemática de tsunamis en Chile, al referirse al impacto que tendría un terremoto grado 9 en la escala de Richter, y posterior tsunami “en el peor escenario”, señaló que los balnearios de Flamenco, Portofino y otros sitios veraniegos ubicados al sur de Chañaral, serían inundados en su totalidad por esa catástrofe.

Lo preocupante es saber lo que pasará en Chañaral, especialmente en la población Aeropuerto que alberga siete mil habitantes, considerando que el especialista planteó que, al hallarse la bahía plana a causa de los relaves, el tsunami aumentará la velocidad y energía al no encontrar obstáculos. Pero el experto omitió que, además, “las olas doblarán casi su altura, ya que la energía en movimiento cambia de un perfil horizontal a uno vertical”, de acuerdo a otros estudios. El maremoto de 1922, tuvo una altura de 9 metros al entrar al puerto, pero ese año existía un fondo marino y no una plataforma lisa como ocurre hoy.

En este contexto, los miles de vecinos de Aeropuerto, deberán evacuar a la cota de 30 metros, lo que será un caos y una tragedia de proporciones hacerlo por un solo puente como hoy está proyectado en la cuenca del Salado.

Por lo tanto, hay que corregir los diseños y planificaciones ahora, -que aún es tiempo de hacerlo-, tomar las adecuadas medidas de prevención y educar a la población.