Por: Christian Palma

Unos kilómetros al norte de Chañaral, en la región de Atacama, en los cerros junto al camino que lleva al Parque Nacional Pan de Azúcar y muy cerca de los relaves mineros que contaminaron la bahía, un singular proyecto avanza “como pez en el agua”. Se trata del primer centro acuícola con especies de agua dulce instalado en el desierto más árido del mundo, que consigue el recurso hídrico de una manera fascinante: atrapando la neblina o camanchaca que se acumula en la zona.

La idea partió hace más de una década, cuando los fundadores de la Asociación de Atrapanieblas de Chañaral -cuenta hoy con 20 miembros activos- comenzó a levantar las primeras mallas para captar el rocío proveniente del mar e intentar producir algunos  vegetales. El sueño comenzó a agarrar fuerza, sobre todo cuando la Universidad de Atacama comenzó a instalar tecnología y ciencia a la iniciativa que se amplió al cultivo de truchas a través de un FIC del Gobierno Regional.

Ahora son más de 10 mallas ubicadas a unos 600 metros sobre el nivel del mar, en el cerro Falda Verde, que logran escurrir hasta 1,4 litros de agua dulce por metro cuadrado de superficie de atrapanieblas, con un volumen total de 1.500 litros agua de  camanchaca que es conducida por cañerías. Además, la unidad de acuaponía es alimentada por una planta solar que genera 4.000 watts por día. Pero, la tarea no ha sido fácil.

En 2015 llegaron los primeros 1.000 ejemplares de truchas arociris De ellas, 200 murieron por problemas con el agua, temperatura y factores de contaminación, “aunque en el sentido estricto, el sistema funciona porque hemos podido sacar tres cosechas de truchas, cuyas muestras se mandaron a estudios de mercado para ver su valorización en formato pan size (animal de no más de 250 gramos que se come entero en el plato)”, dice Luis Morales, ingeniero acuícola a cargo del proyecto.

“Son animales de raza pura, sin ninguna mezcla genética, sin atibioticos o enfermos”, agrega Morales.

El científico insiste en que si bien hubo problemas de mortandad en el piloto por la materialidad, la adaptación y mejora de la captación de agua, el proyecto avanza. “De hecho, ingresaremos nuevos animales en diciembre para levantar un stock de reproductores, pues hasta ahora trasladamos los peces desde la Universidad Católica de Valparaíso”.

Y no es todo: “Este sistema contiene heces que aportan a un cultivo muy desarrollado de vegetales. Tenemos ocho mil plantas cultivadas de aloe vera y plantas del desierto florido que hemos logrado reproducir en los invernaderos, ahora estamos desarrollando el modelo de negocios que se llama la Ruta del Agua, que no solo apunta a vender truchas, sino que a la artesanía, al acuiturismo y venta de vegetales ornamentales y comestibles, como lechugas, melones, tomates, berries, zapallos italianos, tunas, papas, choclos, es decir, podemos diversificar la economía y replicarlo en otras zonas costeras”.

Hace unas semanas, Bienes Nacionales entregó en concesión 136 hectáreas a la Asociación Atrapanieblas de Chañaral. Hugo Streeter, presidente de la agrupación, señaló que “los cerros son un corredor aéreo de nubes y camanchaca, los que tenemos que ordeñar para lograr un desarrollo humano sustentable… Ahora podremos postular a nuevos proyectos, para finalmente convertirnos en productores de agua potable, tan necesaria en nuestra zona”.