Por: Redacción 7D

A tan solo 18 kilómetros al sur de Bahía Inglesa, pero lejos de las visitas masivas que llegan a ese balneario en esta época, se encuentra la Playa Chorrillos. El lugar ha ido ganando espacio dentro de las preferencias de los turistas, pero aún es un sitio desconocido que guarda muchos encantos y curiosidades.

Quizás el difícil acceso a la playa sea su principal fortaleza. Para llegar al lugar se debe tomar el camino costero que une Caldera con Huasco. Un viejo letrero de lata es la señal para desviarse del camino principal y “bajar” por una ruta  de tierra y piedras, pero apto para cualquier vehículo. La aventura comienza cuando la huella habilitada termina y se debe caminar algo más de un kilómetro para llegar a Chorrillos por un sendero que sin ser peligroso, tiene algún grado de dificultad.

A medio camino comienza la magia. Desde el cerro brotan algunas vertientes de agua que permiten la aparición de abundante vegetación, todo un milagro tomando en cuenta que el lugar está en pleno desierto de Atacama.

El sol no da tregua en verano, pero la caminata tiene su premio cuando se llega a una extensa playa de arenas grises y aguas turquesa encerrada por formaciones rocosas y farellones milenarios que se han convertido en el hogar para diferentes tipos de aves.

Dependiendo de las marejadas, la playa puede ser una verdadera taza de leche o presentar algunas olas de tamaño medio ideal para practicar bodyboard de manera aficionada. Lo que sí está asegurado es la calidez de la temperatura del agua muy distinta a la de Bahía Inglesa que es bastante más fría.

La playa, que mide un poco más de dos kilómetros permite descansar y relajarse, debido a que en promedio llegan unas 50 personas por fin de semana, es decir, no se está completamente solo, pero entre un quitasol y otro hay una distancia más que prudente.

Timothy Taffe vive hace 20 años en Copiapó y reconoce que “recién el año pasado conocí esta playa, ahora vengo todos los fines de semana, no hay tanta gente, podemos leer y bañarnos tranquilos, de verdad que es una maravilla”.

Para Juan Pablo Ross, quien viaja desde Santiago todos los años a recorrer las playas de Atacama, asegura que “es una de las maravillas de esta región. Yo vengo hace muchos tiempo a Chorrillos, ahora llega más gente, pero todavía sigue siendo una playa misteriosa, la única queja es la basura que algunos dejan acá”.

Según Carlos Pizarro, dueño del tour operador Chillitrip, “Chorrillos,  como todas las playas de la zona, son “maravillosas por su biodiversidad. De hecho, es parte de la Reserva Marina Costera Protegida, sus acantilados se formaron hace millones de años y en sus sedimentos se pueden apreciar todos los momentos de la historia geológica de Atacama”.

Respecto a las aguadas, el guía turístico explica que “se pueden encontrar diversas especies vegetales que no están catalogadas para este sector. El lugar además es parte de senderos de Chile gracias a las innumerables posibilidades de trekking que ofrecen sus farellones”.

Estudios de la Universidad de Atacama señalan que en esta aguada confluyen ecosistemas terrestres de agua dulce con un ecosistema marino, desarrollándose un tipo de formación vegetal único, es decir, el mar lleva las algas a la aguada y se convierten en materia orgánica que permite crecer especies que no se dan en ningún otro lugar de la costa nortina. El ecosistema es frágil, por lo que algunos biólogos piden que sea declarado Parque Nacional.

Otra manera de llegar a Chorrillos es desde el sur por el camino de Puerto Viejo bajando hacia el camino costero. Este comienza en la desembocadura del Río Copiapó, un sector que renació luego de los aluviones de marzo de 2015 y que ha potenciado la vida en los humedales cercanos con la aparición de aves como garzas, patos y taguas. En ese trayecto se pueden visitar también playas como Las Salinas, Isla Chata, Bahía Cisne, entre otras de particular belleza. No olvide llevar mucha agua, bloqueador y quitasol.