Por: Christian Palma

Raúl Salas hizo una campaña inteligente que se puede resumir en seis ejes claves: se desmarcó de la política (tan basureada en la actualidad), apeló a los errores garrafales en la gestión, campaña y al desgaste de Héctor Volta -tras 16 años en la Municipalidad- convocó a un gran número de personas que se animaron a votar (superando todos los pronósticos) , borró de un plumazo su trabajo de primera línea con el cuestionado edil de Copiapó, Maglio Cicardini, abrió su candidatura al apoyo -sin ambages- de la derecha y, lo más importante, generó grandes expectativas de cambio, trabajo, desarrollo y nuevos aires para Chañaral, discurso que la ciudadanía premió en las urnas.

No por nada en sus primeras declaraciones Raúl Salas aseguró que su programa fue realizado con las comunidades, que no descansará un solo día para cumplirlo y que trabajará “para que ningún otro chañaralino tenga que irse de su comuna por falta de oportunidades, como me sucedió a mí hace cuatro años”.

Chañaral es una comuna golpeada por la cesantía y las nulas opciones de desarrollo sustentable desde antes de la tragedia del 25 de marzo de 2015. El aluvión que arrasó buena parte de la ciudad, solo acrecentó la agonía por la que atraviesa el puerto producto de su histórica dependencia de la minería, la contaminación que puso en jaque cualquier posibilidad de potenciar la pesca o el turismo, esto a pesar de tener el Parque Nacional Pan de Azúcar (que no ha sido bien aprovechado por los propios chañaralinos y las autoridades de turno) y por las vicisitudes que no han permitido el desarrollo económico de la provincia más pobre y postergada de Atacama.

En este escenario, las autoridades presentes y pasadas tienen mucho que ver, pues no han logrado generar los mecanismos para levantar a la comuna. En ese campo minado por la desesperanza, surge Raúl Salas, con un discurso potente, que promete gestión de excelencia, trabajo duro y ser al articulador de un nuevo Chañaral. Asegura que será un edil acorde a los nuevos tiempos, probo, preparado, con ideas de vanguardia, es decir, todo lo contrario a Héctor Volta, como manifestó en todas las tribunas en donde habló.

La apuesta le dio resultado. A partir de diciembre será el nuevo alcalde de Chañaral, sueño que tenía desde niño, según ha dicho. Sin embargo, es una jugada peligrosa. Basta ver las nefastas consecuencias generadas por las elevadas expectativas que pusieron a Michelle Bachelet una vez más en La Moneda y que ahora, cuando ya pasó la mitad de su gobierno, no han sido cumplidas, determinando que las encuestas y el apoyo ciudadano a su rol esté por el suelo.

Salas deberá enfrentarse a eso y mucho más. La gente que lo apoyó mayoritariamente no dudará en golpear su puerta desde hoy mismo, exigirá que se cumpla su programa y que las oportunidades laborales lleguen con rapidez.

La ciudadanía quiere que el tema de la contaminación sea tratado en serio, que el acceso a la salud mejore, que la calidad de la educación permita la movilidad social y que la cara de Chañaral cambie.

Todos -y yo me incluyo como chañaralino- anhelamos otra fotografía de nuestro puerto, calidad de vida y tener la opción de ofrecer algo más a quienes nos visitan. Trabajo para todos, obras pensadas a largo plazo, plazas que se construyan o arreglen de la mano con una potente gestión cultural y, sobre todo, que nuestras autoridades se la jueguen a la hora de los “kiubos”, con el gobierno central, regional en cuanto a la asignación de recursos y proyectos para el puerto.

Todos los que nacimos acá o adoptamos este pueblo como domicilio, nos aburrimos de las promesas falsas, las construcciones sin sentido, trabajos precarios, la cesantía, la deserción escolar y las escasas oportunidades de surgir, entre otros muchos aspectos negativos.

Ahora Raúl Salas tiene la palabra. Manejará altas cantidades de dinero municipal, podrá limpiar los malos hábitos, generar proyectos de calidad, tiene contactos y la experiencia para lograrlo.

La prensa lo apoyará en esta tarea, pero también será implacable a la hora de fiscalizar y cobrar la palabra empeñada. Raúl Salas cuenta con cuatro años por delante, de él “depende que pasen volando o se conviertan en una eternidad”, como le dije alguna vez a Héctor Volta.

Éxito en su gestión alcalde electo. Chañaral lo merece de una buena vez.