Hace ocho años se erigió un monumento al guanaco en el camino de acceso que va hacia el Parque Nacional Pan de Azúcar. Inexplicablemente, el guanaco fue el único patrimonio tangible que resultó indemne de la destrucción del aluvión del 25 de marzo en la bahía de Chañaral. Asombroso fue observar cómo miles de escombros, casas, camiones, maquinarias y una infinidad de otros materiales pasaron por su lado sin destruirlo, a pesar de la fuerza de las furiosas aguas del alud. El guanaco logró mantenerse intacto mirando hacia la cuenca El Salado. Muchos dijeron que fue un milagro.

Desde ese día, el monumento se transformó en un símbolo para los habitantes. Mudo testigo de la catástrofe más grande acaecida en esta provincia, hoy es un elemento histórico que debe ser protegido en bien de las generaciones venideras. A su alrededor, incluso, debería crearse un novedoso parque y un museo de sitio, echando mano a vehículos, maquinarias y utensilios abandonados en diversas partes del puerto. Pero más allá de estas ideas, el guanaco dejó una profunda reflexión que, posiblemente, provocará disimiles reacciones, por lo que apelo a la imprescindible tolerancia.

La naturaleza renovó la tierra y el hacer de los hombres. Las turbias aguas que provinieron de la cordillera lavaron las quebradas. La Pachamama se renovó después de cumplir un ciclo, aguardándose, además, una renovación en las comunidades y almas. Los aborígenes de Atacama limpiaban sus malos pensamientos, todo lo añejo y las malas acciones, purificándose una vez al año en las aguas del río o mar.

De lo anterior, aflora un potente mensaje: La vida, sabiamente, se remoza. Por lo mismo, las autoridades que son reelectas cuatro o cinco veces también deben mudarse. Al respecto, hace años que duerme un proyecto que limita la reelección indefinida de senadores, diputados, alcaldes y concejales. El recambio de autoridades es sano, sensato y razonable para avanzar en temas de probidad, transparencia y nuevos liderazgos, más aún en estos tiempos de crisis política y corrupción. Recientemente, esta reforma constitucional tuvo avances en el Congreso, esperándose que se ponga en tabla en el Senado. La democracia exige cambios y nuevos aires. Así parece decirlo el bendecido guanaco.